[ bicitácora en eterno borrador ]

primero desde las montañas de Colombia, del Perú y del Ecuador. después desde la amazonía toda. ahora desde el litoral del brasil. manhana, desde parís, bosnia o cualquier otro lugar del mundo.

amarilla [musa paradisiaca]

amarilla    [musa paradisiaca]
"violadora de parajes recónditos, mi [bicicleta] llega adonde no llega el carro o el peatón" (f. vallejo) /

recorrido a través de suramérica [oEste-este]

recorrido a través de suramérica [oEste-este]
actualizado el 29 de marzo '09 en areia branca do rio grande do sul, brasil. recorrido en bici en azul / caminando en negro / en automovil o bus (gasolina) en rojo (el avión por ahora no lo pongo...) en barco por el amazonas azul punteado / paradas a dormir en cuadro negro con punto amarillo (solo sobre el amazonas y brasil. / del ecuador y perú, se pueden ver en entrada antigua (en proceso... como todo)

viernes 16 de octubre de 2009

¿cómo hacer zapatos de viaje?


alguna vez mi tio cesar (que no es mi tio), hace muchos muchos años ya, me enseñó como hacer mis propios zapatos para recorrer el mundo con llanta de automovil de suela y cuero. Hace muchos muchos años más él los hizo y recorrio medio monte con ellos. Ahora lo comparto.

martes 11 de agosto de 2009

conversaciones con luisa. de los oficios, el tiempo y el viaje

martes 121 de agosto, 2009 *
_bogotá d.c., colombia

Una de estas noches estuve hablando con Luisa, y al parecer se me soltó la lengua con este tema de la vida. Hoy recibí un correo suyo:

Me ha dejado pensando la maravillosa actitud de tomarse el tiempo y el espacio para decantar y avanzar según el ritmo y dirección que esa actitud misma propone. Es inspirador sabe, y hace que recuerde esas cosas que uno sin querer queriendo va dejando de lado, pero que al fin y al cabo son fundamentales, son las que le hacen a uno feliz... un abrazo e intentaré ir esta noche a su exposición

A lo que contesté:

Pues sabes, el viaje fue para mí eso, darme la oportunidad de tener el tiempo (el espacio a veces) de hacer las cosas que siempre quise y nunca pude por a) falta de tiempo b) comodidad c) vida social d) etc etc etc, que implicaban mi vida en bogotá.
En el momento que salí de viaje puse tres oficios en frente mio:
hacer fotografía
escribir
cocinar
y dejé abierta la puerta a otros oficios que fueran apareciendo naturalmente. (Sabía que la música era otra de las patas del viaje, pero no como músico, sino como apasionado y coleccionista.) La cuestión era de oficios, y esos oficios debían darse según el estilo de vida que yo quisiera vivir. La vida de viaje es el estilo de vida que siempre me ha hecho sentir completo, así que era un buen marco para desarrollar mis oficios. En bogotá hay muchas cosas ya predeterminadas desde siempre. Al estar en la mitad de la nada, yo construyo mi mundo desde ceros, o mejor, desde adentro. Y eso fue, a eso me dediqué. Y el resultado es ahora lo que soy. Y cada vez que esté en duda, lo haré, me iré de viaje. Y procuraré siempre gastar el tiempo en las cosas que me gustan, y no en las que no, que es lo que me termina pasando en la gran ciudad.

Te mando un abrazo grande

miércoles 15 de julio de 2009

la selva amazónica : . inmensa monotonía / exhuberancia limitada








Este artículo se publicó en la revistaexclama.com


Adentro todo se acerca, afuera todo está lejos. Adentro es exceso, enredo. Afuera es llano, ausencia. El claroscuro del bosque se contrapone a la luminosidad total que baña el río. El bosque son capas superpuestas, el río son fondos planos continuos.


…íbamos pues de cara al oriente, trepando la última cuchilla de la cordillera azul que escondía el sol naciente, por un camino bordeado de naturaleza verde exuberante. Al otro lado nos esperaba la selva...
(Una deformación de original de F. Vallejo)

Por la noche, el río se convirtió en una serpiente camaleónica que cambiaba su disfraz de acuerdo al movimiento de las nubes plateadas por la luna. Al día siguiente, el sol naciente lo convirtió en una víbora centelleante que engordaba y se adelgazaba mientras se contorneaba por entre las escasas playas que dejaba su cuerpo. Así, atravesó lentamente el denso bosque hasta fusionarse con el mar.

El río Amazonas es el más largo del mundo. Es tan largo, que si atravesara el planeta en línea recta llegaría más allá del centro de la tierra. Pero a pesar de su magnitud, atraviesa sin prisas el bosque más grande. Son el uno para el otro. Eso que llamamos río, no es tal cosa, es una interminable red de redes que contiene un quinto del agua dulce del planeta. La selva siempre ha sido bosque y agua. A veces el agua la recorre, la recorta: son los ríos. A veces se queda quieta y descansa: son los lagos. Otras veces crece e inunda los suelos: es la varzea.

La selva es, a primera vista, homogénea y monótona. Con tiempo se revela como un cuerpo complejo, hecho de contradicciones que dialécticamente se complementan y permiten que este sueño -o pesadilla- exista.

En la selva uno se mueve entre dos espacios radicalmente opuestos. Se está adentro o afuera. En el inmenso río el espacio es abierto y la tierra es una lejana línea horizontal que separa el agua del cielo. El cielo y el río son inmensos. La luz es omnipresente. Las nubes aparecen cómodas en este espacio infinito, todas caben. Al llegar a tierra y entrar al bosque, tan sólo pasando ese límite, el espacio se cierra, se oscurece, el cielo desaparece y no es posible recibir rayos del sol de manera directa. Cuando llueve en el río todo queda sumergido, el aire se convierte en agua que lo remueve todo y todo lo remoja. En cambio dentro del bosque la lluvia es lejana y solo se percibe cierta humedad. Adentro todo es variedad vertical, afuera es horizontal e uniforme. Adentro todo se acerca, afuera todo está lejos. Adentro es exceso, enredo. Afuera es llano, ausencia. El claroscuro del bosque se contrapone a la luminosidad total que baña el río. El bosque son capas superpuestas, el río son fondos planos continuos. El bosque está quieto, en el río todo fluye.

En el río el cielo es muy grande. Enorme. Tan grande que al mismo tiempo se puede ver lo que ocurre en toda la región: desde la cubierta del barco se ven al mismo tiempo el amanecer sobre tierras brasileras, una tormenta sobra Leticia, el sol abrasador sobre Tabatinga, y el atardecer en el Perú. Sin embargo, a pesar de esa inmensidad espacial, en el río siempre se está en espacios reducidos: barcos, lanchas, canoas. Todo se puede abarcar con la vista, pero el cuerpo no llega lejos. En el bosque, aunque la vista está obstaculizada por la maraña vegetal, el cuerpo puede caminar libremente.

En época de lluvias el agua cubre toda la tierra salvo las partes altas. Por donde antes se caminaba ahora se deslizan canoas. Es una época difícil, pero abundante. En la época seca el agua retrocede, los ríos adelgazan. En las playas que deja el río al disminuir su cauce, aprovechan la tierra para sembrar, calculando el tiempo de cosecha antes de la creciente. En el Perú se ve fríjol, arroz y maíz. En cambio en Colombia y en Brasil esta práctica no se da más que en casos aislados.

Hoy en día no sólo se encuentran ciudades en medio de la selva, también hay citadinos. Gente que ha venido del interior -montañeros- buscando fortuna. Además de comerciar, poco hacen. No les interesa conocer la selva. Peor aún, les aterra. Cuando ven que alguien tiene ropa extraña, preguntan con cara de asco y temor: ¿va a salir al río? Por el monte, por ese ni preguntan. Por algo será.

La selva es la tierra donde las plantas se abrazan, se arrunchan y se apapachan. El piso de la selva es oscuro, difícil para la supervivencia de las plantas. Sólo unos pocos árboles nacen de la tierra y suben al cielo, y sólo los más fuertes pueden llegar a la luz.

Dentro de la selva no hay suelo como normalmente se concibe. Si uno escarba, es poco lo que encuentra, las redes de tejidos en el piso hacen de la labor muy dispendiosa y si se logra profundizar un poco sólo se encuentra barro, arcilla y, a veces, agua. El suelo es una sobreposición de hojas, semillas, palos, troncos caídos, bejucos, lianas, raíces, frutos, y flores, todo en descomposición eterna. Acá no hay tierra como se conoce en otras partes. Sin embargo, no existe la asquerosidad de lo podrido, pues es tan rápida la captación de nutrientes, que antes de podrirse ya están siendo reabsorbidos por los demás seres. Lo muerto alimenta lo vivo en perfecta armonía. Si en cacería se hiere un animal, pero no se atrapa, seguramente será comida de alguien más. Nada se desperdicia. La selva es una infinita red: todo está interconectado. Por eso es a la vez tan fuerte y tan vulnerable: si se rompe un pedazo, todo el entorno lo recupera rápidamente, pero si el daño es demasiado grande, la red se rompe y se viene todo abajo.

Con el cielo nublado, la luz difusa del sol cae sobre el río y se deja llevar suavemente por sus aguas, serpenteando a través del mar de selva tupida. Es tal el enigma que encierra la selva, que no es extraño sentirse vulnerable a una muerte insólita y misteriosa.

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pueden ver fotos acá (lentamente desactualizadas)